martes, noviembre 21

Mujeres empresarias alcanzando la cima: el balance entre la sonrisa y la seriedad

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Nuestras mentes simplifican a todo lo que nos rodea. Como resultado, intentan, a través de los estímulos percibidos, asignar a cada persona en una categoría concreta. A menudo, estas categorías son definidas como prejuicios. Normalmente, disponemos de unos 60-90 segundos para recibir el sello correspondiente por parte de la persona que acaba de conocernos.

Autores como Nicholas Boothman, en su libro “Convence en 90 segundos”, explican cómo podemos influenciar la percepción que se construye durante la primera impresión. Lo importante, en primer lugar, es ser consciente de que disponemos tan solo de 90 segundos para convertirnos en una persona de confianza o alguien que es muy amable pero no sería capaz de quedarse a cargo de las tareas concretas.

Imaginemos que has recibido una invitación para entrevista de trabajo, se trata de aquel puesto que llevas deseando obtener desde hace años, el que te ha ido motivando a avanzar e incrementar tus conocimientos. Ahora llega el momento de la verdad y no quieres hacer una mala primera impresión, al fin y al cabo, no tendrás una segunda oportunidad. ¿Qué sería mejor? ¿Intentar sonreír lo más que puedas, con el objetivo de ser percibida como una team-player; o mostrarte seria, con el objetivo de evitar situaciones confusas y emitir serenidad durante toda la entrevista?

Pues bien, en primer lugar, debes proceder a la evaluación del entrevistador. La clave está en encontrar el equilibrio perfecto para cada situación. Si la persona es seria, no deberías cruzar esta barrera, puesto que un abuso de la amabilidad, podría ser interpretado como una debilidad y las posibilidades de que obtengas el puesto de trabajo disminuirían.

Por supuesto, siempre debes sonreír e intentar acercarte a la persona, creando un vínculo profesional que se caracterice por su comunicación bidireccional sólida y eficiente. Es decir, no debes evitar preguntas incómodas, ¡contéstalas sin preocuparte por la posible interpretación! Pues las preguntas trampas no son poco comunes.

Sin embargo, puede ocurrir que tu entrevistador se muestre más amable de lo esperado y no deje de sonreír. ¿Qué harías en este caso? ¡Intenta ser tú misma, pero recuerda que un lenguaje corporal carismático se caracteriza por su similitud y analogía! Es decir, tienes más probabilidades de ser percibida como una persona carismática, siempre y cuando intentes actuar como si fueses el espejo del entrevistador. Por supuesto, deberías tener cuidado  y evitar ser percibido como un loro que, en su desesperado intento por conseguir el puesto, deja de lado a su propia personalidad.

Un consejo que te daré es que intentes encontrar el equilibrio entre la credibilidad y la amabilidad, sin perderte a ti misma.

Las personas carismáticas, son especialistas en modificar su modo de comunicar, adaptándolo al modo de comunicar del interlocutor y, lo más importante, sin dejar de ser percibidas como auténticas. Esto es difícil, pero con un poco de entrenamiento, te darás cuenta de que está a tu alcance.

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